El Misterioso Caso del Star Dust

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El Misterioso Caso del Star Dust

Estuve escuchando anoche, con bastante fascinacion, el cuento que relataba un anciano Chileno, que casi todas las noches toma su cena en la galeria del Hotel Marti. Me encanta oir como los viejitos se animan, como niños frente la tele, cuando tienen oportunidad de hechar sus historias. Este, cual se llamaba Don Festejado, parece que era piloto en su dia, porque llevaba aun sus decoraciones de servicio militar, aunque prendidads de sus payamas en esta noche particular. Yo habia llegado tarde, por ser amo fiel de la oficina. Asi que el cuento estaba ya un poco avanzado, y por el color de las caras que lo escuchaban, se veia interesantisimo. Don Festejado los tenia en un circulo de atencion intensa, y el viejo estaba como un demonio gesticulando entre ellos. “Asi fue que el mismo impacto del avion causo su desapariencia…” El viejo se la daba de actor, parece, porque la voz le subia y bajaba con todo el drama del teatro. Y que carajo, a nosotros nos servia bien el momento de distraccion. Todos eran obreros en la factoria de lanzas anti-relampago, y yo un humilde contador en la misma. Si al viejo les quedaban hierros, pues a nosotros nos tocaba pulircelos. El foro se lo habia ganado por su mismo coraje de hombre. Mientras seguia contandonos del avion Star Dust, cual se callo famosamente del cielo Andino en el 1947 a medias de un vuelo de Buenos Aires a Santiago de Chile, el viejito se mostraba mas y mas cautivo de un estrano efecto psicologico. Estaba, el pobre, desgranandose antes su cuento. La furia y la pena y el dolor que llevaba lo estremecia como un arbol en la tempestad. “Cincuenta y tres años, los pedazos del avion durmieron bajo los hielos glaciales!” Y se sostiene con una mano en el arbolito de duraznos que acababan de sembrar la semana anterior, pero casi se cae del momento. “El avion, por destrozado que estaba, llevaba dentro de si aun las nueve almas perdidas en ese horrible accidente…” De un golpe, Don Festejado detuvo el chorro que lo movia como manguera de fuego, y las palabras se quedaron escritas en su frente, sin voz ninguna. Los ojos se le fueron del presente, de las caras que lo sostenian en un cariño materializado pur su visible sufrir, a caer en las panoramas nevadas de Los Andes, a un momento de paralisis en el lejano ayer. La cena se la pagamos, claro, ya que el pobre no llevaba ni cartera ni zapatos. Lo montamos en una carreta bien acolchada de paja, a cual le daban su impeto un par de burros semi-retirados. Pasaron varios dias durantes cuales hablamos del Don Festejado, pensando y opinando todos los que habiamos estado presente durante su momento fragil. Al fin nos enteramos, via la lengua habil de una enfermera amiga mia, que al pobre viejo se le habia matado un amor en ese avion caido. El diario tambien contaba que, ese mismo dia del cuento, despues de cincuenta y tres anos enterrado en la nieve, el carapacho del avion habia resuscitado a las luces del presente, para que esas nueve almas perdidas, con la paciente intercesion del Senor, pudieran al fin descansar en paz.

10 Julio, 2001

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